¿Con cuál mano habría robado Toledo, con la izquierda o con la derecha?

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Escrito por Hernando de Soto

Hola amigos:

Este lunes 27 de febrero estaré en la conferencia mensual que organiza  Posición.pe con la siguiente ponencia:

¿Con cuál mano habría robado Toledo, con la izquierda o con la derecha?

– ¿Qué sistema permite mayor eficiencia y menos corrupción:  La Asociación Público Privada (APP) o los Contratos por Obra Pública?
– ¿Quien le roba a las comunidades, la mano izquierda o la derecha?
– ¿Será capaz el Ministerio de Economía y Finanzas de entender que la causa de la corrupción de los megaproyectos no es un tema financiero?

Hernando de Soto

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Fecha: Lunes, 27 de febrero
Hora: 13:00 horas
Vía:   https://www.facebook.com/HernandodeSotoOficial/
* 1.8 millones de peruanos en las últimas 3 semanas han leído los artículos o visualizado los videos de Hernando de Soto sobre corrupción y megaproyectos. 5,000 le han escrito para aportar con sus ideas.

1.9 millones de peruanos durante el mes de diciembre de 2016 han leído sus artículos o visualizado sus videos sobre violencia y gobernabilidad en el Perú. 11,000 le han escrito para aportar con sus ideas.

81,000 de éstos 3.7 millones han compartido estos contenidos con su lista de amigos.

(*) Cifras oficiales de Facebook.  Mayor información en: https://www.facebook.com/HernandodeSotoOficial/

No son los TOLEDO, son los CHINCHERO

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Escrito por Hernando de Soto

Hola, Amigos:

Casi toda América Latina está envuelta en escándalos de corrupción, que van desde el Presidente Lula en el Brasil, hasta Toledo en el Perú… y parece que vienen más.

Muchos son los latinoamericanos y peruanos que están deprimidos y más aún los que viajan al exterior porque es allí donde se escucha mejor el siguiente susurro: “la cultura latinoamericana es propensa a la corrupción”.

Este susurro es falso. En las líneas que siguen les voy a probar que no es nuestra cultura, que nos pertenece a todos, la que es proclive a la corrupción sino nuestro sistema legal que hasta ahora continúa construyéndose a la medida de las necesidades de una elite.

La primera prueba es que no es nuestro pueblo a quien los fiscales están acusando de corrupción, definida como “la utilización de las funciones de las organizaciones públicas en provecho propio”, sino a las élites que gobiernan y las que se benefician de contratos con estos gobiernos y que estadísticamente no son más que una fracción del 1% de la población peruana.

La segunda es que los casos de posible corrupción que se están ventilando se refieren a obras públicas de gran envergadura. Aquellas que sólo pueden ser creadas y gerenciadas por élites que saben montar, operar, y financiar proyectos de infraestructura complejos, como lo son la Interoceánica y Chinchero.

La tercera es que para extraer de una obra pública un beneficio económico privado a costa del interés público –llamémosle una “tajadita”- no es algo con lo que esté familiarizado el pueblo latinoamericano; para ello se requieren operadores transnacionales que saben combinar diversos componentes técnicos con financiaciones y presupuestos internacionales.

La cuarta es que para ciudadanos o políticos de a pie no es fácil extraer una tajadita, ya que estos no saben operar en el mundo de los valores abstractos. Es decir, la empresa que le saca tajaditas a un proyecto complejo –digamos un aeropuerto– no usa un cuchillo para cortar pedazos de pista o de un counter y luego quedárselos o venderlos. La empresa saca su tajada más bien usando un lapicero para rebanarle al Estado los derechos necesarios para cumplir varias funciones como garantizar créditos, convertirlos en acciones que puede entregar a socios capitalistas a cambio de inversión o para ser el dueño del derecho a cobrar distintos peajes por servicios.

Nada de esto es ilegal ni corrupto. Lo que puede ser corrupto es si el lapicero se usa para abrir espacios escondidos en el acuerdo con el Estado que le permiten a la empresa concesionaria incrementar los costos de la obra y sus propios ingresos, ya sea proponiendo tasas de interés exorbitantes que obligaran al Estado usar sus ahorros o acudir al mercado de créditos atados con términos de referencia incompletos donde se corre el riesgo de quedar amarrado a condiciones que les permiten a proveedores privilegiados subir sus precios artificialmente a punta de licitaciones restringidas y adendas presentadas como último recurso (según funcionarios del Banco Mundial sólo las ataduras han incrementado los costos de proyectos hasta un 400%).

Comprendo la frustración del Presidente cuando dice “que lo de Toledo es una traición al pueblo peruano” por recibir una coima a cambio de entregar un gran proyecto. Pero actuar bajo la hipótesis de que el problema es Toledo y no el sistema, no es realista. Traidores siempre han existido tanto en el cielo como en la tierra: desde Lucifer en el entorno de Dios Padre, Judas en el de su Hijo Jesucristo, Menem que le devolvió el sacrificio que Perú hizo durante Las Malvinas, vendiéndole armas al Ecuador cuando nos tenían acorralados en el Cenepa; hasta Montesinos condenado por armar a narcotraficantes en Colombia.

El problema, como siempre lo ha dicho el propio Presidente, es la informalidad, es decir, la falta de un sistema legal que le cierre los espacios a cualquier intento de corrupción, sea por coima o por “tajadita”. Aunque no existieran ni Lucifer, Toledo o Montesinos, como dijo el filósofo Immanuel Kant: hasta en una sociedad de ángeles se necesita el derecho formal.

Sólo con registros formales que contengan y mantengan al día el conocimiento preciso de qué concesionario está obligado a qué condiciones, quién es dueño de qué en el Perú y quién tiene su mano metida en qué bolsillo, se puede combatir la corrupción.

Por eso es una pena que PPK haya desperdiciado la oportunidad que le dio el Congreso de construir un programa de formalización anti-corrupción en base a facultades delegadas. Ninguno de los 112 decretos legislativos contiene las herramientas o la estrategia necesaria para identificar y anular las fuentes de la corrupción ni los diseños para formalmente registrar al país. Inclusive, tal como está planteado el proyecto técnico de Chinchero, siguen abiertos los espacios que le permiten contratista bajar sus obligaciones y endeudamientos y aumentar los del Estado.

En otras palabras el gran reto de este gobierno no sólo es identificar y sancionar a las élites corruptas, sino crear un sistema formal que proteja la propiedad privada y pública de todos los peruanos. Nuestras críticas son constructivas, tenemos varias propuestas las cuales se encuentran en esta misma página web.

Para ir conociendo estas propuestas, recomendamos especialmente dos videos: uno en español (El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos) que fue elaborado a raíz de los lamentables sucesos del llamado “Baguazo” y donde se demuestra cómo los indígenas amazónicos sufren de la falta de acceso a los derechos de propiedad como causa de sus problemas. El otro video recomendado, todavía en idioma inglés, se llama “Globalization at the Crossroads” que ha sido transmitido a millones de personas por la televisión europea y estadounidense y que presenta la magnitud de estos problemas a nivel de todo el mundo.

Hernando de Soto

Un Año Nuevo sin conflictos sociales

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Escrito por Hernando de Soto

Nuestra reunión con 2,000 dirigentes de los Comités de Autodefensa (CADs) del Perú en Huanta durante la tercera semana de diciembre 2016.

Mientras la violencia y el terrorismo sacuden Aleppo, Turquía, Libia y varios países europeos, en el Perú vivimos tiempos de relativa paz gracias a los CADs que derrotaron la violencia y el terrorismo en el pasado. Hoy están conteniendo ambos flagelos sin recursos, y si los integramos inteligentemente a la formalidad , podrían ayudarnos a resolver los conflictos sociales, las paralizaciones de las inversiones y la inseguridad que peligrosamente han retornado al país.

Seguimos recordándole al mundo que el Perú es el único país, en el último medio siglo, que salió airoso de una agresión terrorista. Por lo tanto,  para que la historia no se repita, para que las lecciones aprendidas y los protagonistas heroicos no sean olvidados, y para que se nos tenga en cuenta en los tiempos difíciles que se vienen hay que recordar lo que realmente sucedió.

Gracias por su atención y responderemos gustosos a sus comentarios a principios del 2017.

Hernando de Soto

El verdadero enemigo de Trump es el Mercantilismo, no el Globalismo

Artículos
Escrito por Hernando de Soto

Como en los tiempos de Adam Smith, el Estado favorece a algunas corporaciones a través de regulaciones, impuestos, subsidios y licencias.

Para los que no somos estadounidenses es a veces difícil de entender a Donald Trump porque habla y escribe en lo que el filósofo británico Bertrand Russell llamaba “manchitas de color” — microconceptos que tienen que ser armados como un rompecabezas para con ellos formar una visión de conjunto coherente e inteligible.

Para mí -un economista sudamericano que trabaja en todo el mundo tratando de mejorar el capitalismo como instrumento de inclusión y de adaptar la tecnología “blockchain” para ese fin, el cuadro que Trump parece estar pintando es que el pueblo y la economía de Estados Unidos se ven frenadas por élites con privilegios obtenidos de un gobierno corrupto que hace mal uso de la globalización y la inmigración sin contener el terrorismo. Estos son problemas que aquellos que estamos fuera de Norteamérica y Europa –el 90% de la población mundial– también enfrentamos.

Todos tenemos interés en reparar la noble empresa de la globalización, que desde la segunda guerra mundial está haciendo posible que los pueblos de todo el globo se conozcan mejor y se beneficien a través de mercados libres. Al aceptar la nominación del partido republicano a la presidencia, Trump dijo que “el americanismo será nuestro credo, no el globalismo.” Tal vez no tenía presente que el mundo fuera de los Estados Unidos enfrenta retos similares. Al echar la culpa de esos retos a los competidores económicos de Estados Unidos está abandonando el liderazgo global de su país.

Pero si Estados Unidos se distancia del mundo, otro líder surgirá. El Presidente chino, Xi Jinping, estuvo feliz de poder declarar recientemente a los participantes en la reunión de APEC en la ciudad en la que vivo, Lima, que su país apoyaría a todos aquellos que quieren mantener abiertos los mercados globales. Los delegados, venidos de países lejanos, se pusieron de pie para aplaudirlo.

Juntando las manchitas de color del Sr. Trump, veo que su enemigo real no es el globalismo sino el mercantilismo — la primera manifestación del capitalismo que prevaleció en Europa de los siglos XVI al XIX, conocida también como el “capitalismo enchufista” o “no incluyente.” Adam Smith y otros modernizadores libraron batalla contra los gobiernos mercantilistas por conferir derechos especiales a élites productoras o consumidoras, mediante complejas reglamentaciones, subsidios, rescates, impuestos, licencias y tratados bilaterales que les daban acceso a mercados globales de gran escala o a la importación de mano de obra barata.

Con el tiempo el mercantilismo se redujo significativamente. Pero en el siglo XXI ha resurgido con fuerza. Reaparece, entre otros medios, a través de complejos acuerdos bilaterales de comercio que seguramente son mejores que la ausencia total de comercio pero que se encuentran repletos de laberintos por los cuales se filtran intereses especiales para capturar plusvalía y meter mano de obra barata de contrabando.

El “Plan de Acción de 100 días para recuperar la grandeza de Estados Unidos” del Sr. Trump propugna la creación de “equipos especiales” para identificar y cerrar los recovecos por los cuales se conceden privilegios por medio de complejos acuerdos de comercio. Si esto se hiciera correctamente, podría favorecer el comercio y traer mayores beneficios a más gente.

Hoy en día, con cada vez más frecuencia, estos mismos acuerdos comerciales se ven cuestionados en países en desarrollo — no por gobiernos sino por las personas excluidas de los privilegios que confieren. Porqué está ocurriendo esto ahora? Porque tras la derrota del comunismo hace 27 años la gente de a pié espera beneficiarse de los acuerdos comerciales internacionales directamente, pero ven que como fruto de políticas mercantilistas a ellos solo les toca el asistencialismo, la caridad y las mesas de negociación.

Lo que no consiguieron –y lo que más necesitan para beneficiarse de la globalización– son los derechos de formar compañías que puedan emplear talento y construir jerarquías gerenciales fuera de la familia o del linaje tribal. No consiguieron la propiedad o los derechos intelectuales de dividir y proteger su patrimonio, y ofrecerlos para obtener capital de inversión y crédito. Tampoco consiguieron los certificados transferibles para combinar esos derechos de generar plusvalía, capturarla, almacenarla y monetizarla. Ahora emigran indocumentados a Estados Unidos y a Europa e invaden las ciudades y están condenados a cachuelear para ganarse la vida, recurrir a la criollada para obviar trámites– cuando no alimentan las filas del crimen o el terrorismo.

Jagdish Bhagwati, economista de la Universidad de Columbia, lamenta que los tratados de libre comercio bilaterales, que dan a sus socios el derecho de excluir y discriminar contra aquellos países que no están incluidos en el acuerdo y que se sustituyen a los acuerdos multilaterales globales cuyos beneficios eran automáticamente compartidos por todos los países. Bhagwati dice que esta situación produce una “palangana de spaghetti” de reglamentos, ejércitos de abogados y nuevas élites organizadas de manera de cortar la maraña.

En la Francia del siglo XVIII, seis volúmenes de reglamentos del comercio de textiles llevaron a la ejecución de 16,000 comerciantes que no podían cumplirlos. La “Primavera Árabe” recuerda el tortuoso pasado del mercantilismo europeo, pues se desencadenó a principios de 2011 cuando un centenar de empresarios de la región intentaron inmolarse, cada uno por su lado, para protestar porque no se les permitía hacer negocios. El primero fue Mohamed Bouazizi, un vendedor de fruta tunecino que murió –vistiendo zapatillas de estilo occidental, bluejeans, una T-shirt y una casaca de cuero– protestando la expropiación de su mercadería.

Como Bouazizi, los estadounidenses frustrados que votaron por el Sr. Trump son víctimas no de la globalización sino del mercantilismo. La pregunta de fondo es si la administración del Sr. Trump va a poder juntar sus manchitas de color y con ellas producir un cuadro grande y significativo — no solo para los Estados Unidos sino para el mundo.

Artículo publicado originalmente en The Wall Street Journal | Traducido por el ILD